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¿Cuánto cobro por mi trabajo sin quedar corto ni espantar al cliente?

4 minutos de lecturaRevisado el 26 de septiembre de 2026

Poner precio es la parte que más incomoda y la que más determina si el trabajo es sostenible. No hay un número correcto, pero sí hay una forma de llegar a uno que puedas defender sin que te tiemble la voz.

Parte por tu costo real, no por el precio del otro

Copiar el precio del que cobra más barato es la forma más rápida de trabajar mucho y no llegar a fin de mes. Antes de mirar al lado, arma tu número: cuánto necesitas ganar al mes, cuántas horas puedes trabajar de verdad, y cuánto se te va en cosas que el cliente no ve.

Lo que el cliente no ve es casi siempre lo que se olvida: traslados, cotizaciones que no se cierran, herramientas que se gastan, tiempo de compra de materiales, la hora que pasas respondiendo mensajes.

Las horas que puedes vender no son las que trabajas

Si trabajas ocho horas diarias, no vendes ocho. Entre traslados, cotizaciones y administración, buena parte del día no es facturable. Calcular el valor hora dividiendo por las horas trabajadas —y no por las vendibles— es el error más común, y deja el precio sistemáticamente bajo.

Cobrar por trabajo o por hora no es lo mismo

Por hora te protege cuando no sabes con qué te vas a encontrar: una reparación, un diagnóstico, algo en una casa antigua. Por trabajo le da certeza al cliente y te premia si eres rápido, pero el riesgo de que se alargue es tuyo.

Lo importante es decirlo antes, no después. Un precio por hora anunciado al principio incomoda menos que una cuenta final que el cliente no esperaba.

Esta recomendación orienta; no reemplaza la asesoría de un profesional. Lo tributario, lo legal y lo técnico dependen de tu caso, y quien debe resolverlo es alguien que lo revise contigo.

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