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Para quien tiene un proyecto

Tengo una idea, pero no sé si sirve ni por dónde partir

4 minutos de lecturaRevisado el 26 de septiembre de 2026

Casi todas las ideas suenan bien en la cabeza. Lo que separa una idea de un proyecto es que el proyecto se puede revisar: tiene supuestos escritos, números aproximados y una forma de saber si te equivocaste antes de gastar.

Escribe los supuestos, sobre todo los incómodos

Toda idea descansa en cosas que damos por ciertas sin haberlas comprobado: que hay gente dispuesta a pagar, que el precio aguanta, que puedes conseguir el insumo, que alcanzas a atender. Escritos se ven; en la cabeza no.

Después ordénalos por una pregunta sola: ¿cuál de estos, si es falso, mata el proyecto? Ese es el que hay que comprobar primero, y casi nunca es el que da más ganas de trabajar.

Números aproximados valen más que ninguno

No necesitas una proyección a cinco años. Necesitas tres cosas: cuánto cuesta partir, cuánto cuesta cada mes exista o no exista venta, y cuánto deja cada unidad vendida. Con eso ya sabes cuántas ventas mensuales te dejan empatado, que es el número que de verdad define si esto es viable.

Si ese número te parece imposible de alcanzar, lo descubriste en una hoja y no después de haber invertido.

Lo más barato es la prueba más chica

Antes de comprar equipamiento o arrendar un local, busca la versión más pequeña de tu idea que alguien pueda pagar. Una venta real vale más que cien opiniones favorables de gente que te quiere.

Esta recomendación orienta; no reemplaza la asesoría de un profesional. Lo tributario, lo legal y lo técnico dependen de tu caso, y quien debe resolverlo es alguien que lo revise contigo.

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